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Centro de Interpretación de la Judería de Sevilla

Centro de Interpretacion Juderia de Sevilla

Acudir a un centro de interpretación de un barrio de tu propia ciudad o zona que has habitado -incluso habiéndola investigado en su modo urbano y gestionado en su mercado inmobiliario- genera un interés creciente ya que que una buena historiografía no puede ser suplida por un buen documental y mucho menos por una interpretación. Si bien, la difusión de determinadas iniciativas pueden anular algunas mas rigurosas, ya que el esfuerzo que han puesto sus creadores unido al cuidado de su diseño, determinadas obras que allí se exponen y la falta de apoyo de instituciones publicas da un merito especial por su impacto por encima de cualquier otro documento o exposición, llegando a un numero ingente de personas que les permite conocer de primera mano la historia viva de la ciudad.

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La interpretación del patrimonio es el arte de traducir en modo sintético, grafico y rápido el legado de siglos de historia en una forma coloquial. El impacto al visitante y su valor pedagógico genera un recuerdo fácil de guardar y amable en su trato. Aun cuando la parte conceptual –al menos en interpretación de territorios y educación ambiental- se haya trastocado en favor de los Centro de Recepción de Visitantes con lo que ello implica.

Palno antigua judería

Se ha realizado un plano ad hoc para la expo sobre la zona amurallada de la Judería. Buen comienzo de la primera panorámica en su acceso. La zona es diáfana y la saturación inicial del primer golpe de información supone ver toda la expo de un vistazo, atiborrándonos y echando en falta unas subdivisiones o al menos pequeños visores que impidan prolongar la vista y centrarse mas en la secuencia a la que dirigimos nuestra atención. El plano toma la totalidad del Barrio Santa Cruz y el de San Bartolomé como el correspondiente a la muralla, dicha información no es correcta aun cuando la parte mas atractiva para el visitante sea el propio Barrio Santa Cruz no corresponde con la realidad sino el que se señala en el plano anterior según la pagina Leyendas de Sevilla.

A este respecto Javier Sanz en Necrópolis hebrea en Sevilla en colaboración de Fernando Franco señala que en los años noventa del siglo XX, con motivo de la construcción en Sevilla del aparcamiento subterráneo de Cano y Cueto y de la obra de la Diputación Provincial (antiguo cuartel de Intendencia), salieron a la luz una serie de enterramientos cuya estructura se limitaba simples fosas o bien a tumbas de ladrillo y cubierta en falsa bóveda, en donde la inhumación se practicaba con el difunto en decúbito supino, en ataúd, sin ajuar y con la cara mirando al Este.

Los trabajos de entonces fueron responsabilidad de la arqueóloga Isabel Santana Falcón, que dejó una memoria titulada “De la muerte en Sefarad“, en donde apuntaba que el área de la necrópolis judí­a se definí­a entre las puertas de la Carne y de Carmona, si bien podrí­a haber llegado al actual barrio de San Bernardo. Esta hipótesis ha dejado de serla, ya que en agosto de 2001, en un solar de la calle Campamento en San Bernardo, una excavación de urgencia a cargo del arqueólogo Marcos Hunt, permitió hallar restos de la necrópolis, lo que viene a confirmar la hipótesis de la Sra. Santana al respecto. En esta última excavación, que se cubrió rápidamente de hormigón, se encontraron, excavadas sobre terreno virgen; dos fosas, un osario y tres inhumaciones; a una profundidad de 1,80 m.

La planimetría puede tener un mas o menos interés dependiendo de algunas aspectos del visitante. Es cierto que la tratarse de personas de fuera y poder hacer desde el mismo centro una visita guiada al barrio, pierda su importancia. Pero no es menos cierto que por motivos de seguridad la comunidad hebrea recurrió a espacios-guetos amurallados mas reducidos y que fueron tornando por diversas zonas de la zona original de la fundación en el epicentro Alcázar-San Pedro. También la propia muralla tiene una historia y función de contención de la inundaciones, no hubiera estado de mas haber hecho un pequeño esquema suplementario con estas informaciones incluyendo algunas del origen de la ciudad que pusieran en relación la comunidad con los invasores y el propio impacto de la entrada de mar y los navegantes además de la relevancia de los negocios. Las murallas han sido móviles llenas de puertas y subdivisiones que daban una función ambivalente y expansiva al núcleo fundacional.

Las ubicaciones e importancia de las sinagogas es de especial significancia si tenemos en cuenta que suelen ser centros de poder de la comunidad y donde se situaban, puede coincidir por el interés creciente de que los primeros asentamientos pre-romanos pudieron dar origen al núcleo poblacional de la zona mas alta o cuota entre la calle Abades al final y zona trasera de la Alfalfa. Por tanto habría que ponerlo en relación con las propias crecidas del rio y la evolución de la ciudad lo que explicaría que su situación estuviera en la zona  aledaña a la fundación de la ciudad y por ende en la zona de la aduana de la Torre del Oro zona administrativa por excelencia de entradas y salidas de genero en barcos.

Según la Guía del Barrio de San Bartolomé a Pie el cerco de la antigua Judería, o sea, las murallas que apartaban el barrio de la ciudad, se iniciaba en la calle Tintes, pasaba por la plaza de las Mercedarias, Conde de Ibarra y Federico Rubio hasta alcanzar Mateos Gago. Abarcaba las dos mitades de la Judería que son San Bartolomé y el Barrio de Santa Cruz.

Antes de 1248, la judería de los musulmanes ocupaba ya el Barrio de Santa Cruz hasta la Puerta de la Carne. Una muralla, levantada en época medieval, otorgaba a la Judería una envidiada independencia. La comunidad disponía de cuanto necesitaba para su gobierno y religión. Para el tránsito las murallas se abrían en dos o tres postigos que comunicaban con los demás barrios; en el otro extremo la Puerta de las Perlas miraba al campo y al cementerio de la comunidad que puede localizarse por el sitio del actual mercado de la Puerta de la Carne.

Fernando III, tras la conquista, concedió tres mezquitas para sinagogas, Santa María la Blanca era una de ellas y junto a San Bartolomé hubo otra; la tercera estuvo ubicada en el solar que ocupa la Plaza de Santa Cruz.

Las aniquilantes fobias religiosas provocó la matanza de judíos del año 1391 y la feroz obstrucción a su poder económico. Era la época de Felipe III y la Judería nunca sería la de antes. El pasado sefardí, sus palacios y sinagogas fueron cristianizados. Se respetó, solo temporalmente, a los conversos, pero los edificios importantes fueron transformados en palacios para nobles castellanos, conventos o plazas. La comunidad hebrea restante fue lentamente retirándose, agazapándose en las calles interiores donde había quedado la única sinagoga, temiéndose lo peor y sólo al amparo de unas leyes del mismo rey que procuraban evitar nuevos asaltos.

A mediados del sigo XV había judíos dispersos por todas las colaciones de la ciudad, desaparecidas las murallas y gran parte de la misma Judería, aunque en Santa Cruz, Santa María la Blanca y San Bartolomé figuraban aún numerosas familias semitas. El Tribunal del Santo Oficio, creado en 1480 para juzgar y castigar las herejías, señaló el final; muchos acabaron en la hoguera por el simple hecho de ser judío. Doce años después, los Reyes Católicos decidieron la total expulsión de los judíos. La Judería, como tal, desaparece en el siglo XVI.

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Relación de los romanos con los judíos en las ciudades que invadían

La presencia judía en la Península se remonta a época romana. Después de sobrevivir a los visigodos, los sefardíes jugaron un papel importante durante la conquista musulmana del 711, apoyando y ayudando a los hombres de Musa y Tariq en su avance por la Península. A lo largo de los siglos de época andalusí, los sefardíes alcanzaron su máximo esplendor en todas las facetas. En al-Andalus, los judíos o yahudiyyun, integraban la llamada “ahl ad-dimmi”, es decir, la familia o gente protegida por el Islam, al considerarlos “gentes del Libro”. El estado musulmán exigía el pago de un impuesto de capitación llamado yizya.

Según Elisa Simón durante el período emiral y califal, la judería sevillana, vivió a la sombra de la de Córdoba, pero no por eso fue menos próspera, su rabino se llamaba Saadia ben Joseph. En general, los sefardíes se dedicaron al comercio fluvial y terrestre, la artesanía y la medicina. Después de la caída del califato y durante la fitna o guerra civil, (1023- 1031) los sefardíes, al igual que todos los andalusíes, apoyaron a unos y otros dirigentes que ocuparon el moribundo trono califal. La creación de los reinos de taifas, provocó un peregrinaje de los científicos y literatos que buscaban un mecenas. Así, Granada, Sevilla o Zaragoza recibieron familias sefardíes ilustres que destacaron en política y las ciencias. Familias nobles sefardíes que alcanzaron gran fama a lo largo del siglo XI son: Los Baruch al-Balia, Los Ibn Muhajir, los Ibn Azhar, los ben Migash, los Ben al-Yatom,  los Abrabanel.

La judería andalusí llegó a su máxima extensión en el siglo XI, bajo la dinastía abbadí. El proceso se debió a una serie de oleadas de sefardíes, que huyendo de otras taifas, encontraron refugio en Sevilla. Hubo una primera llegada de cordobeses a principios del siglo XI. Más tarde, en el 1066, arribaron a Sevilla un gran número de sefardíes granadinos, los cuales abandonaron Granada, a raíz de la revuelta popular después del asesinato del visir judío Joseph ibn Nagrella (hijo de Samuel Ibn Nagrella). Una tercera oleada se produjo después de la caída de Toledo en el 1085. Este suceso causó una gran conmoción en todo al-Andalus y a todos los niveles. El mapa de al-Andalus se redujo de forma alarmante, mientras el rey leonés Alfonso VI no cesaba de hostigar, con razzias y exigiendo más y más dinero de los reyes taifas. La pérdida de Toledo supuso el principio del fin de los reinos de taifas.   

Familias ilustres de la judería:

Las familias más ilustres y ricas encontraron  su lugar entre los cortesanos del rey al-Mu´tadid y su hijo el rey al-Mu´tamid. Isaac ben Baruch al-Balia, ocupó el cargo de nasí de la taifa sevillana y formaba parte de la corte como matemático y astrónomo. Isaac ben Baruch Al-Balia (Córdoba 1035 – Granada 1094) fue un gran talmudista y rabino de Sevilla. Procedía de una de las familias judías más antiguas de la Península. Según parece se habían asentado primero en Mérida en época romana, hasta que se trasladaron en un momento dado a Córdoba, donde formaban parte de la élite sefardí. Ben Baruch, coleccionaba libros, logró así reunir una importante biblioteca, la cual convirtió en un centro de enseñanza para los sefardíes.

Bajo los reinados de al-Mu´tadid y al-Mu´tamid ocupó el puesto de visir el sefardí Abraham ben Meir ibn Muhajir, mientras que su hermano Abu Sulayman  ibn Muhajir se dedicó a la poesía de la corte junto con Abu al-Fath Eleazar ibn Azhar.

Un sevillano ilustre fue el talmudista Joseph Meir ben Migash (1077 – 1141). De familia influyente, recibió una esmerada educación. Su padre lo envió a Lucena a estudiar en la escuela talmúdica. Allí fue el discípulo del gran sabio Isaac ben Jacob al-Fezí, quien lo tomó como un hijo y le enseño durante 14 años el Talmud y demás ciencias. Cuando al-Fezí, director de la academia estaba al final de su vida, dejó escrito que fuera el joven ben Migash quien lo sucediera. Así fue. Tenía ben Migash 26 años cuando se hizo cargo de la dirección de la Academia de Lucena. Estuvo al frente de ella 38 años,  durante los cuales la Academia alcanzó su máximo esplendor. El padre de Maimónides estudió allí. 

La expulsion de los Judios de Sevilla

En la expo podrás ver esta obra exclusiva «La expulsión de los judíos de Sevilla», un cuadro de Joaquín Turina Areal, pintor de la Escuela Sevillana del XIX. «Es una de las escasas obras pictóricas que han tratado el tema de la expulsión de los judíos en España, y el lamento de éstos por la pérdida de la que fue su patria, España, desde el siglo I después de Cristo».

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Algunos documentos inéditos como este que atestigua como la iglesia expedía títulos sobre limpieza de sangre judía.

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Las leyendas sobre Susona Ben Suson

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Personajes de la historia de Sevilla que impulsaron la diversidad y la ilustración pagando con su vida la defensa de la libertad.

Interpretacion Juderia de Sevilla

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Visitas

Lunes a sábado 10.30 a 15.30 hrs. y de 17.00 a 20.00 hrs.

Domingos de 11.00 a 19.00 hrs.

Info: 954 04 70 89 - 635 71 97 96

infosefarad@gmail.com

C/ Ximenez de Enciso, 22- Acc. Barrio de Santa Cruz-Sevilla

https://www.facebook.com/JuderiadeSevilla

www.juderiadesevilla.es

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Recursos

- De al-Andalus a Sefarad un viaje por la historia y cultura del mundo andalusí a través de sus personajes, hechos, lugares y leyendas. La herencia musulmana, mozárabe y sefardí ha desplegado el amplio abanico de la sabiduría y el arte.

http://dealandalusasefarad.blogspot.com.es/2013/03/la-juderia-andalusi-de-sevilla.html

- Barrio de San Bartolomé A pie

http://www.rutadelaplata.com/es/5432

- Relación de los romanos con los judíos en las ciudades que invadían

Fuentes: http://www.jewishencyclopedia.com/

-Leyendas de Sevilla

http://leyendasdesevilla.blogspot.com.es/2012/04/iglesia-de-san-bartolome.html

- Sefarad

http://sefarad.rediris.es/

- Documentos en PDF

1 comentarios:

Benjamin Núñez on 21 de febrero de 2014, 18:14 dijo...

En general, los sefardíes se dedicaron al comercio fluvial y terrestre, la artesanía y la medicina.

Según el historiador francés Joseph Pérez en su obra "Los Judíos en España" (2005) no es correcto hablar de sefardíes antes de 1492 sino judeo-españoles o sencillamente judíos. Ese término (sefardíes) será empleado con posterioridad (ya en pleno siglo XIX) para diferenciarlos de los judíos centroeuropeos askenasíes (los cuales hablan yinish).

Es posible que algunas fuentes medievales judías hablen de una Sefarad mítica, pero no hay que olvidar que ellos mismos cuando vivieron bajo el dominio de los reyes castellanos eran en el fondo leales a la corona (quién los protegía, de ahí que la Judería estuviese junto al Alcázas), y por lo tanto castellanos al fin y al cabo. Nunca tuvieron la pretensión política de crear una entidad política diferenciada del reino cristiano. Era tal su convicción de que en el fondo la corona era su aliada que la orden de expulsión de 1492 les pillará totalmente desprevenidos. Años antes (en 1477), la misma reina Isabel la Católica llegará a declarar "Todos los judíos de mis reinos son míos".

Esa lealtad por Castilla y lo castellano se materializará con la supervivencia del ladino (latino), a lo largo de los siglos y de algunas tradiciones adquiridas en la Península.

Españoles de pura cepa vaya.

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