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Ludovico Quaroni

Proyectar un edificio: Ocho Lecciones de arquitectura
Ludovico Quaroni
Extracto de Lección Cuarta: “El espacio Arquitectónico”
Nota ficha sobre el espacio “Xarait Ediciones, 1980, Madrid”

El término “espacio” interesa, dentro de los límites de esta nota, sólo en su aceptación arquitectónica; esta delimitación de campo sin embargo no es ciertamente suficiente para introducir claridad y determinación en la definición del término, precisamente porque, como veremos, sobre esta definición se resumen las contrastantes y complejas posiciones de la crítica arquitectónica y artística en general.

Poniendo un ejemplo histórico, si el espacio arquitectónico y artístico de la época clásica se caracterizo por la discontinuidad y por la relimitación (véanse Riegi, Panofsky, etc) también la filosofía de la ciencia clásica (véanse las concepciones físicas y geográficas de Platón y Aristóteles) se basaba en la discontinuidad y en la delimitación; Además el conocimiento histórico-antropológico de la formación de la ciudad clásica y el conocimiento de tordas las practicas religiosas y mágicas ligadas a la delimitación del espacio llevan a considera que, también en la actividad práctica de la apropiación humana del territorio, discontinuidad y delimitación fueron las categorías fundamentales.
“El hombre no solo percibe e con los sentidos (es decir pasivamente) sino que también (activamente) quiere; y por ello aspira a conformar el mundo tal como si lo desea (y de distinto modo, de pueblo a pueblo, de lugar a lugar, de tiempo a tiempo. Esta voluntad se engloba en lo que llamamos “visión o concepción del mundo”(en el más amplio sentido de la palabra): en la religión, en la filosofía, en la ciencia y hasta en el Estado y el derecho; y entonces una de las expresiones de la que ya hemos hablado domina sobre las demás.

“Ahora bien, entre la voluntad de representar los objetos del modo más agradable posible por medio del arte figurativo y la que tiende a representarlos de la manera correspondiente al propio deseo existe, evidentemente, una íntima relación que se puede seguir paso a paso en la historia de la antigüedad”.

Erwin Panofsky, en su obra La perspectiva como forma simbólica ( Berlín 1927, Barcelona 1973) parte del análisis de la estructura del espacio perspectivo renacentista (por tanto de un análisis rigurosamente específico) para llegar a poner de relieve la profunda conexión de las características específicas que definen el espacio perspectivo (unidad, infinitud, continuidad, etc) con la ideología global del Renacimiento. No es casual que Panofsky defina la perspectiva como “forma simbólica” recogiendo un concepto de Cassirer.

Espacio arquitectónico y espacio físico
Para entrar en la definición del concepto de espacio arquitectónico empezamos por la conocida definición de Nikolaus Pevsner en Storia dell´architgettura europea, Bari, Laterza 1963.

“Un cobertizo para guardar bicicletas es un edificio. La catedral de Lincoln es una
obra de arquitectura. Todas o casi todas las estructuras que delimitan un espacio
de medida suficiente para que se mueva un ser humano son un edificio; el término
de arquitectura sólo se aplica a edificios concebidos con vista a un efecto estético.
Un edificio puede provocar sensaciones estéticas de tres maneras: 1) pueden ser
producidas por el tratamiento de la superficie, por las proporciones de las
ventanas, por las relaciones de los vacíos con los llenos y de una planta con otra, y
por la ornamentación, como las cornisas góticas del Trecento o las guirnaldas de
frutos y hojas de un pórtico de Wren; 2) es estéticamente significativo el
tratamiento exterior de un edificio en su conjunto, su contraste de bloque contra
bloque, el efecto de un tejado pendiente o plano o de una cúpula, la parte trasera
de los salientes y entrantes; 3) el efecto en nuestros sentidos del tratamiento del
interior, la sucesión de los ambientes, el ensanchamiento de una nave en el
crucero, el movimiento majestuoso de una escalinata barroca. La primero de estas
maneras es en dos dimensiones: es la manera propia del pintor. La segunda es en
tres dimensiones, y como trata el edificio como un volumen, como una unidad
plástica, es la manera del escultor. La tercera manera también es en tres
dimensiones, pero se refiere al espacio: mas que las anteriores es propia del
arquitecto. Lo que distingue la arquitectura de la pintura y de la escultura es su
característica especialidad. En este campo, y solo en este campo, ningún otro
artista puede emular al arquitecto. Por tanto la historia de la arquitectura es, ante
todo, historia del hombre que modela el espacio, y el historiador debe situar
siempre los problemas espaciales en primer plano.
La definición la recoge también Bruno Zevi en Saper Vedere L’architecttura, Torino,
Einaudi, 1949.

“...la pintura actúa en dos dimensiones, aunque pueda sugerir tres o cuatro. La
escultura actúa en tres dimensiones, pero el hombre se queda en el exterior,
separado, y mira desde fuera las tres dimensiones. En cambio la arquitectura es
como una gran escultura excavada en cuyo interior el hombre penetra y camina.”
Es evidente que un enfoque de este tipo, valido por su sencillez y esquematismo
en el plano didáctico y divulgativo, en realidad es notablemente limitado,
principalmente porque aun ligado, como es justo que así sea, el concepto de
espacio al de “habitabilidad” o disfrutabilidad, vincula de forma demasiado rígida el
concepto de espacio al de espacio interior.
Estos criterios, paralelamente a Brandi, recogiendo y desarrollando las propuestas
de la escuela de Viena y del Warburg, y en conexión con las investigaciones de
carácter semiológico, abordan el sistema del espacio distinguido antes que nada el
espacio arquitectónico (como espacio virtual o significativo) del físico, en oposición
a las definiciones de Zevi y de Pevsner.
Véase, por ejemplo, Emilio Garrono, Progetto de semiótica, Bari, Laterza, 1972:
“Y sin embargo un “espacio semiológico” (el espacio como “significado”) no puede
dejar de ser mas que espacio virtual; el espacio nunca es un dato en bruto
(interior o exterior, vació o lleno, practicable o no) ni una porción de espacio
recortada con expedientes técnicos puramente instrumentales e in esenciales sino que es precisamente espacio representado, o lo que es lo mismo, formado según esquemas y procedimientos.”
Gyorgy Kepes, linguaggio della visone, Chicago, 1944; Buenos Aires, infinito, 1976.

“Al mirar un paisaje, la gente que pasa por la calle, o cualquier objeto –desde el momento en el campo visual no tiene limites definidos- podemos dar de las cosas que vemos y de su posición y extensión solo una interpretación espacial basada en nuestra propia situación en el espacio. Valoremos la posición, la dirección y la separación de los objetos vistos refiriéndolo a nosotros mismos. Calculemos sus distintos lados –superior, inferior, derecho, izquierdo, anterior, posterior- y los organizamos en un solo sistema físico cuyo centro es nuestro cuerpo, identificándolo con las principales direcciones en el espacio. Los ejes horizontal y vertical, centrados en nosotros, constituyen el fondo contra el que se interpretan las diferencias ópticas. Si el observador mueve la cabeza o los ojos o todo el cuerpo, moviéndose, y en consecuencia desplazando el campo de la retina de su natural posición vertical, transfiere inmediatamente a los objetos que le están más cercanos el papel original del cuerpo humano, de modo que las principales direcciones del espacio siguen siendo validas.”

“Nuestra “orientación” respecto al ambiente es pues a menudo deficiente. A trabes de la educación tratamos de mejorar este estado de cosas dotando al individuo de actitudes típicas ante objetos de relieve. Pero estas actitudes no median la realidad “como es”. Están muy condicionadas por la sociedad y cambian en el tiempo y en el espacio.”
“De lo que se ha dicho se concluye que nunca se puede expresar o describir la realidad “como”, y que esta expresión carece de significado.”

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